Consulta Psicológica

Las preguntas más frecuentes sobre la consulta psicológica son:

  1. ¿Para qué sirve?
  2. ¿Quién lo necesita?
  3. ¿Lo necesito yo?

Las respuestas suelen ser:

  1. No tengo ni idea. Seguro que un amigo me ayuda más y me cobra menos.
  2. Los demás.
  3. Claro que no, yo no estoy loco. Yo puedo con todos mis problemas. Además pedir ayuda es de débiles.

Dicho esto parece casi milagroso que llevemos 25 años trabajando en consulta privada. Pero afortunadamente, hay un momento en la vida de muchas personas en el que se dicen: "¿Y qué pasa porque alguna vez me ayuden?" o "A fulanito o fulanita le ha ido bien..." o "¿Y si por casualidad funciona... y me encuentro mejor?".

Cuando estos valientes llegan a la consulta se suelen sorprender porque:

  1. Es mucho más fácil de lo que se creían hablar con un extraño. Es más, hablan con más libertad porque nadie les juzga, nadie les critica y nadie se va a enfadar por lo que digan.
  2. Ven lo activo que es el papel del "paciente" en el proceso terapéutico. Es decir, el psicólogo ayuda pero son ellos los que consiguen cambiar.
  3. Empiezan a entender que el cambio a mucho mejor en sus vidas es muy posible y es real.

El proceso psicológico es una oportunidad que todos deberíamos tener para liberarnos de las cargas extras a las que nos somete la educación familiar, el colegio, las normas sociales, e incluso, nosotros mismos. Sin que existan culpables, todos estos organismos nos van encorsetando nuestra capacidad de ser espontáneos y de disfrutar. Y el proceso psicológico nos da la libertad de volver a conectar con quien uno es.

Hay muchas escuelas de psicología y cada una tiene su propio enfoque de lo que es el ser humano y de como se le puede ayudar. Nosotros con la que nos sentimos más identificados es con la escuela humanista y especialmente con la terapia centrada en el cliente de Carls Rogers. Pero es verdad que cada escuela, aporta herramientas muy útiles a la hora de abordar los problemas del ser humano. Estos son tan variados y complejos que cuantas más herramientas tengamos a nuestro alcance, más fácil es que consigamos solucionarlos. Por eso, no dudamos en recurrir a técnicas de distintas orientaciones psicológicas como el conductismo o la psicología cognitiva, e incluso a herramientas no tan académicas como las flores de Bach o el Reiki.

Después de tantos años, nuestra máxima es: Si funciona... ¿por qué no vamos a utilizarlo?

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