Meditación

Intentar definir qué es la meditación en unas pocas líneas, es como querer meter el mar en un vaso. Intentar que alguien que nunca ha meditado sepa lo que es la meditación leyendo esas pocas líneas, es como coger ese vaso, enseñárselo a alguien que nunca ha visto el mar y pretender que se lo imagine. Lo que sí podemos hacer, es hablar de su historia, de quien lo "inventó", de las escuelas que hay en la actualidad y de su utilidad.

La meditación la "inventó" un príncipe hindú llamado Siddhārtha Gautama en el siglo VI antes de Cristo. Este príncipe, al conocer el sufrimiento por el que pasaba el ser humano a lo largo de su vida (pobreza, enfermedad, vejez y muerte), dejó la comodidad de su palacio, y decidió dedicar el resto de su vida a encontrar la solución al sufrimiento del mundo.

No la encontró en las riquezas, ni en los elixires de la eterna juventud, sino sentado debajo de una higuera, en silencio y con la espalda muy derecha. Cultivando la meditación en la práctica diaria, podemos acercarnos mínimamente al estado de budeidad que Gautama consiguió. Este estado búdico podría ser definido como un estado de calma absoluta, donde conseguimos acallar el ruido de nuestros pensamientos, nuestros deseos, y escuchar el susurro de nuestra paz interior. La llave de nuestra felicidad no la encontraremos fuera, sino adentrándonos en nuestro interior con paciencia y disciplina.

El budismo se extendió por toda Asia, mezclándose con las tradiciones que ya existían en los países a los que llegaba. Así en Tibet, se mezcló con las tradiciones Bon-Po, dando lugar al budismo tibetano; y en China con el Taoísmo, dando lugar a la meditación Chan que en Japón se conoce como Zen y que es la meditación que nosotros practicamos. Tampoco podemos olvidar las escuelas de Vipassana tan extendidas en países como Tailandia. Pero todas tienen la misma esencia filosófica y parten de la misma técnica básica: sentarnos en el suelo, tener la espalda derecha, los ojos semiabiertos, silencio exterior, calma y observación interior. Todo ello se refleja una vez más, en esa leve sonrisa que las imágenes de Buda esbozan y que a nosotros Centro SON-BU, "La sonrisa de Buda", tanto nos guía.

Visto esto pues qué fácil es alcanzar la felicidad, ¿no? Qué más quisiéramos... El caso es que no hay nada más difícil para el ser humano que reconocer la importancia de lo sencillo. Sobretodo para los occidentales, que no tenemos la paciencia para cultivarlo diariamente; y peor aún, durante toda una vida. Porque el fallo –si tiene alguno- de la meditación, es que no nos lleva al final del camino en un fin de semana. Es más, quizás toda una vida de perseverancia no sea suficiente. Incluso puede ser que el final del camino no llegue nunca. La verdad es que lo realmente importante es hacer el camino, porque la meta es el camino.

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