Begoña López Lazareno

Hola a todos. Soy la directora del Centro SON-BU. Llevo más de 25 años trabajando como psicóloga y profesora de Tai-chi. Al principio quería ser doctora, pero me da miedo la sangre con lo que decidí ayudar a los demás, en la medida de mis posibilidades, sin marearme. Así las cosas, me matriculé en Psicología. 

En el 81, recién terminado tercero de carrera y con 22 años, fui a hacer unos cursos de verano de psicología Gestalt y bio-energética a Arco Iris, que era una comunidad donde se trabajaban técnicas tanto occidentales como orientales de terapia. Desde Gestalt o bio-energética a meditación y tantra. La experiencia me pareció tan interesante como para quedarme a vivir allí dos años. Durante este tiempo, supe realmente a lo que se refería Perls cuando hablaba de trabajar las emociones. Pude participar como ayudante en cursos semanales de 20 personas y conocer de primera mano el cambio que puede producirse en los individuos al trabajar los conflictos emocionales. Descubrí el mundo de la meditación y el trabajo personal, más allá de lo puramente psicológico, y experimenté lo enriquecedor que es trabajarse con las técnicas occidentales y orientales al mismo tiempo. Al fin y al cabo, es lo que ha orientado mi trabajo profesional durante estos 25 años.

Allí además conocí el Tai-chi casi por casualidad. El resultado: Amor a primera vista. Cuando vi lo que estaban haciendo, sentí que era magia, sentí que era algo mágico y que estaban trayendo un trocito del cielo a la tierra.

Cuando hice Tai-chi por primera vez y empecé a moverme lento y suave, sentí que mi cabeza se paraba y que mi cuerpo era libre. Me sentí totalmente en paz. Estuve toda una hora siguiendo al monitor y cuando terminé, aluciné. No daba crédito a lo que me había pasado. Comprendí que todos tenemos acceso directo a la espiritualidad sin necesidad de terceros, ni de maestros, ni de guías. Todos sin excepción.

Cuando volví de Arco Iris, continué con la carrera. Buena soy yo, lo que se empieza se acaba. :-) Me alegré mucho de haberlo hecho porque pude asistir a las clases del profesor Gondra que fue quien me dio a conocer la maravillosa terapia de Carls Rogers que considero la base de mi terapia psicológica. Cuando terminé la carrera, comencé con mi consulta privada como psicóloga e impartiendo clases y cursos de Tai-chi.

En el 87 tuve la suerte de poder viajar a Pekin para profundizar en el estudio del Tai-chi.  Y tuve la increíble, increíble suerte de recibir clases de un excepcional profesor chino junto al resto de sus alumnos en el parque Ritan Park (El Altar del Sol). Allí aprendí las Formas oficiales de Pekin de Tai-chi Chuan de 24 y 80 movimientos y el Tai-chi Jian de 32 movimientos de espada.

De vuelta a España, pude contactar con quien me enseñó la que para mí es la forma más completa de enseñar el Tai-chi: Tew Bunnag. De hecho la escuela de Tai-chi que practico y enseño es la aprendida con él. Si bien las Formas de Tai-chi son las aprendidas en Pekin. La escuela de Tew Bunnag enfoca el trabajo del Tai-chi con una perspectiva más completa que la mayoría de las escuelas. Lo divide en cinco partes: las formas de Tai-chi, estiramientos, combate, Chi Kung (Qigong) y meditación. Fue la primera vez que veía a una persona que enfocaba el Tai-chi como un trabajo personal serio y no como un mero ejercicio físico.

Aquí fue donde conocí el Chi Kung, que me despertó mucho interés, y decidí formarme más profundamente en el Instituto Europeo de Chi Kung (Qigong) con el Dr. Ives Requena durante los años 90.

Curiosamente gracias a mi interés por técnicas orientales como el Tai-chi o el Chi Kung estaba retomando mi interés por la medicina, en este caso china, y empecé a aplicar estas herramientas en el ámbito de la psicología. Estoy convencida de que el trabajo psicológico se ve ampliamente reforzado por un trabajo físico y energético.

En uno de los cursos de Chi Kung en Francia, conocí a una psicóloga que me habló de algo muy útil para el trabajo en terapia: las flores de Bach. En un principio, me pareció interesante, pero me sentí un poco escéptica. Qué queréis que os diga desde mi formación académica. ¿Unas flores pueden ser capaces de disolver emociones como el miedo, la envidia o la ira...? Me invitaron a un curso y poco a poco fui conociendo y experimentando la terapia floral, y descubrí que funcionan, es más, se han convertido en estos 20 años en un compañero inseparable de mi terapia.

Mis profesores de Tai-chi me dijeron cuando aprendí que pasados 20 años me encontraría muy bien con el Tai-chi, y esto para ellos fue todo un cumplido. Dado que ya llevo más de 25 años practicando, he considerado que quizás sea el momento de montar el Centro.

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